lunes, 20 de septiembre de 2010

Últimos retoques en la Sagrada Família por la visita papal



Benedicto XVI oficiará la misa de consagración del templo del 7 de noviembre en un altar de pórfido y bajo baldaquino

MARÍA-PAZ LÓPEZ 19/09/2010 |

Benedicto XVI apura sus últimas horas de viaje al Reino Unido, su último desplazamiento internacional antes de la anunciada visita a Barcelona y Santiago de Compostela los días 6 y 7 de noviembre. Falta mes y medio para ese domingo en que el Papa consagrará la Sagrada Família, razón objetiva del viaje, y en el templo inacabado de Antoni Gaudí se ultiman los trabajos, al tiempo que no se pierde de vista la inminencia del paso de Barcino, la tuneladora del AVE.

Sobre una plataforma de madera se ultima la realización del baldaquino / Pedro Madueño

Costureras benedictinas

Las benedictinas del monasterio de Sant Pere de les Puel·les son las encargadas de coser los manteles blancos que cubrirán el altar en la misa de dedicación del templo que oficiará el Papa. El pasado lunes dos de ellas estaban allí, tocadas con el casco preceptivo en zona de obras, tomando medidas al altar para cortar los patrones. No será la única labor de costura que monjas benedictinas realizan para la visita de Benedicto XVI a la Sagrada Família. Las benedictinas del monasterio de Sant Benet –el cenobio femenino hermano del masculino de Montserrat– coserán el dosel del baldaquino. Los laterales del baldaquino van forrados de pergamino, con los nombres de los siete dones del Espíritu Santo jalonando los vértices: Sabiduría, Entendimiento, Consejo, Fortaleza, Ciencia, Piedad y Temor de Dios.

"Estamos acabando los últimos trabajos para la visita del Papa, pero ya ahora puede apreciarse que el interior del templo está mucho más despejado, hay menos andamios y menos polvo de construcción", dice Jordi Faulí, arquitecto del equipo de profesionales encargado de proseguir las obras del edificio inacabado, que Antoni Gaudí asumió y rediseñó en 1883.

La Sagrada Família que verá Joseph Ratzinger tiene desde hace tiempo las naves cubiertas (se necesita techumbre para dar un espacio por cerrado, y poder así consagrarlo para dedicarlo al culto religioso); el pavimento está casi totalmente colocado –faltan sendos sectores cerca de los portales de la Gloria y del Nacimiento–, y la mayoría de los vitrales de girola y transepto se encuentran ya emplazados. "Quedan tres por colocar en esa zona, pero estarán en su ubicación antes de la visita pontificia", aclara Faulí. Sobre los vitrales, obra de Joan Vila-Grau, hay actualmente una exposición in situ que puede visitarse hasta el 30 de septiembre.

El Pontífice entrará en la Sagrada Família a las diez de la mañana del domingo 7 por el portal de la Gloria, tras haber cubierto en papamóvil el trayecto –itinerario exacto aún por definir– desde el palacio arzobispal, donde habrá pasado la noche del sábado, procedente de Santiago de Compostela. En el templo caben 9.000 fieles, pero por seguridad el aforo se restringe a 7.500 personas, entre ellas los reyes Juan Carlos y Sofía, y autoridades estatales y autonómicas.

En el exterior del templo habrá sillas y pantallas gigantes para seguir la ceremonia, y se espera a miles de fieles y peregrinos ahí fuera. "Antes de la misa, Benedicto XVI dará la vuelta a la Sagrada Família en papamóvil para saludar a las personas que no pueden acceder al templo", explicó el cardenal Lluís Martínez Sistach, arzobispo de Barcelona, en un encuentro con La Vanguardia antes del verano. Sistach se habrá incorporado al séquito del Pontífice el día anterior en Santiago; y volará con él y con el secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone, junto al resto de acompañantes vaticanos, en el vuelo papal desde la ciudad gallega hasta el aeropuerto de El Prat.

Ese domingo, una vez ante el portal de la Gloria, Joseph Ratzinger verá allí colgada "una gran lona con el dibujo de la fachada según el proyecto de Gaudí, que dejó una maqueta de yeso con 17 grandes hiperboloides –explica el arquitecto Jordi Faulí–, de manera que se tendrá la ilusión óptica de la fachada real completa". Esa lona será colocada a finales de octubre.

Más trabajos culminados: traspasado el umbral del portal de la Pasión, en las losas del suelo se ve ya el bajorrelieve de Domènec Fita que representa la entrada de Jesús en Jerusalén. Y en el centro del crucero y en el del ábside, se ha colocado en cerámica coloreada el anagrama de la Sagrada Família que diseñó Gaudí para decorar su estudio.

Cuando llegue el Papa habrá grúas en las alturas, señal de que el templo sigue inacabado, pero el interior tendrá casi su aspecto definitivo. Como la fachada de la Gloria está elevada sobre el nivel de la calle Mallorca, ese día Benedicto XVI subirá hasta el umbral por un ascensor interior. El Papa abrirá entonces las grandes puertas de bronce de Josep M. Subirachs –en las que está esculpido el padrenuestro en cincuenta lenguas–, pues corresponde a quien oficia la consagración de una iglesia abrir sus puertas.

"Al entrar en el templo, el Pontífice verá lo que Gaudí quería que se viera al entrar por la puerta principal: todo. Por eso la nave central es tan ancha", dice el arquitecto Faulí, señalando el ábside y el presbiterio, donde una plataforma de madera elevada permite trabajar en el baldaquino que quedará suspendido sobre el altar. Ese altar –que en marzo estaba ya colocado– es un bloque de pórfido traído de Irán, de unos 3 metros de longitud y 7.500 kilos de peso.

Bajo ese baldaquino dorado, en el altar de pórfido iraní, oficiará Benedicto XVI lo que en puridad es la misa de dedicación del templo (consagración es el vocablo que se usaba antes del concilio Vaticano II, y que aún se usa coloquialmente por su evocación de lo sacro). Muy cerca se halla la silla en que se sentará el Papa, en la que pueden leerse grabados en el mármol los nombres de los tres obispos santos de la diócesis de Barcelona: Oleguer, Pacià y Sever. Y detrás se alzará el órgano –que está acabando de construirse en un taller organero de Collbató–, que acompañará a las 250 voces blancas y a los 650 cantores adultos que cantarán durante la misa de dedicación.

Cuenta el arquitecto Jordi Faulí –quien lleva veinte de sus 50 años de vida trabajando en la Sagrada Família– que Antoni Gaudí, católico ferviente, solía decir: "Qué bonito es que el altar esté bajo una parra". Y en torno a ese concepto gira el baldaquino que gravitará sobre el altar, que se inspira en el de la catedral de Palma de Mallorca, en cuya restauración participó el propio Gaudí.

El baldaquino de la Sagrada Família es un heptágono metálico de unos cinco metros de diámetro, del que colgarán racimos de uva (en vidrio), hojas de parra (de cobre) y espigas (madera blanca barnizada con clavos y cobre), con laterales forrados de pergamino y con cubierta de tapiz. "Todo el heptágono está cubierto de pan de oro de 22 kilates, llevo mes y medio dorando", cuenta Josep M. Ollé, de 63 años, artesano dorador, mientras aplica finísimas hojitas a algunas piezas. Por delante del baldaquino penderá el Cristo, obra del escultor Francesc Fajula.

Ahí se ubicará el Pontífice durante la mayor parte de la ceremonia de dedicación/consagración, un ritual que incluye "la oración de dedicación de la iglesia y del altar, con tres pasos: unción, incensación e iluminación", explica Josep M. Urdeix, delegado de liturgia del arzobispado de Barcelona. Según el ritual, "se unge el altar y las cruces con crisma, un óleo consagrado; se incensa con incienso perfumado el altar, la nave central y a los fieles, y finalmente se ilumina completamente la iglesia", detalla Urdeix.

Benedicto XVI empleará el castellano, el catalán y el latín en la celebración de la eucaristía, y al terminar irá sobre las doce al portal del Nacimiento –el que da a la calle Marina– para rezar el ángelus, y pronunciar saludos en distintos idiomas, como hace cada domingo desde su ventana del palacio Apostólico en la plaza de San Pedro del Vaticano.

Como anunció hace dos meses el cardenal Sistach, está previsto que Benedicto XVI designe basílica el templo de Gaudí. Una iglesia no puede ser designada basílica hasta que no alberga culto, así que la lógica sugiere que podría ser el ángelus el momento en que Joseph Ratzinger eleve la Sagrada Família al rango de basílica.

Sólo el Pontífice tiene prerrogativa para convertir una iglesia en basílica, y con la Sagrada Família la ciudad de Barcelona tendrá nueve (véanse las otras en el gráfico). En el mundo hay ahora unas 1.500 basílicas, todas ellas menores, pues sólo cuatro basílicas de Roma tienen el título de mayores: San Pedro del Vaticano, San Juan de Letrán, Santa María la Mayor y San Pablo Extramuros.

Tras el ángelus, el Papa volverá a entrar en el templo, para salir por el portal de la Gloria y dirigirse en papamóvil al palacio arzobispal. Allí almorzará con un centenar de obispos y cardenales españoles y vaticanos. Por la tarde, según el programa ya conocido, Benedicto XVI visitará la Obra Nen Déu, que asiste a niños discapacitados, y de allí irá al aeropuerto para regresar a Roma.

Falta para todo eso mes y medio, y en las fachadas de la Sagrada Família ya campan carteles de bienvenida con el retrato de Benedicto XVI. En las tiendas de recuerdos que circundan el templo no han aparecido aún los souvenirs pontificios típicos de los viajes del Papa al extranjero, pero deben de estar al caer.

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