viernes, 25 de noviembre de 2011

Gaudí no siempre era perfecto

Imagen del retablo gótico a principios del siglo XX.





JOAN RIERA. RIERA.DIARIODEMALLORCA@EPI.ES

Perdón por la insistencia, pero el retablo gótico de la catedral –excelentemente restaurado– se merece un segundo artículo. Entre 1905 y 1909, Antonio Vives Escudero elaboró el capítulo correspondiente a Balears del Inventario de los monumentos artísticos de España. Se trata de cuatro tomos manuscritos ampliamente documentados y con profusión de fotografías y dibujos en los que el autor describe los elementos patrimoniales más relevantes de la isla y opina sobre su estado de conservación a principios del siglo XX. La reforma de Gaudí está en marcha cuando Vives llega a la catedral de Mallorca. El comisionado se fija en el retablo gótico, aunque no logra entender cuál era su estado original antes de que fuera desvirtuado en el siglo XVIII. Acompaña su trabajo con unas imágenes que nos permiten conocer cómo estaban colocadas las esculturas que Gaudí extrajo del retablo y reubicó en la capilla de la Trinidad y a cada lado del presbiterio. Vives recela de la metamorfosis que impulsa el arquitecto catalán: "Reforma que no sé si celebrarán los futuros arqueólogos, pero que los actuales no pueden menos que deplorar amargamente".Hoy se aplaude la reforma de Gaudí. Sin embargo, ni el reusense ni Picasso ni Goya alcanzan la perfección en todas y cada una de sus obras. En el caso de la catedral de Palma tenemos el ejemplo del esclata-sang. El tornavoz, cuya reconstrucción inicialmente provisional va camino de perpetuarse, es feo y achica la manificencia del púlpito renacentista esculpido por Juan de Salas. En el traslado del retablo gótico, Gaudí acertó al darle la visibilidad perdida cuando quedó ocultó tras el retablo barroco y al resaltar su valor ubicándolo sobre el portal del Mirador. Sin embargo, erró al dispersar las esculturas que completaban el conjunto gótico. Hoy Gaudí vende. Es el nombre que más turistas atrae a la catedral. Pero esta pieza del XV se merece recuperar el esplendor original en toda su dimensión. La imagen que acompaña este artículo muestra un retablo sucio y deteriorado, pero con las esculturas que le daban sentido.

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