domingo, 12 de febrero de 2012

el tercer gaudí de león

ASTORGA

EL MUSEO DE LA CATEDRAL DE ASTORGA BUSCA PONER EN VALOR LA TUMBA QUE EL GENIAL ARQUITECTO ESCULPIÓ PARA EL OBISPO QUE LE TRAJO A LA PROVINCIA


manuel c. cachafeiro 12/02/2012Diario de León

Entrando en la Catedral de Astorga, en una pequeña capilla a la izquierda del altar mayor, hay una pequeña tumba en el suelo en la que yace Joan Baptista Grau, quien fuera obispo de la Diócesis Asturiciense a finales del siglo XIX. Es una tumba sencilla, apenas cincelada por la gubia para poner el nombre del prelado, su escudo y la fecha de su muerte. Pero la losa que la cierra, además de guardar los restos mortales del obispo que trajo a Gaudí a Astorga, tiene una particularidad más. Y es que su escultor fue el propio Gaudí, aunque su conocimiento sea todavía limitado, y eso que ha pasado más de un siglo. «Muchos visitantes de Astorga no lo saben. Gaudí también dejó en la ciudad una obra funeraria, que queremos poner en valor», explican desde el Museo Catedralicio. Y así consta en la última guía de mano que se ha publicado para quienes quieran contemplar las grandezas del primer templo asturiciense.

Joan Baptista Grau y Vallespinó falleció el 18 de septiembre de 1893 durante una visita pastoral en la localidad zamorana de Tábara. Cuentan las crónicas de la época que al obispo catalán se le gangrenó una herida y murió. Una muerte sentida en toda la Diócesis y, sobre todo, en Astorga.

Gaudí, que entonces dirigía a pie de obra los trabajos del Palacio Episcopal, viajó hasta la comarca de Aliste días antes, cuando Grau agonizaba. En un escrito, que ha sido localizado y documentado por sus estudiosos, muestra también su consternación por el estado del obispo: «Lo hallé tan hermosamente transformado que me vino la idea de que ya no podía vivir. Era hermoso, demasiado hermoso... ¡Todo lo personal le había desaparecido! Las líneas de la cara, el color, la voz... No quedaba del ser más que algo sin relación con las cosas».

Esa conmoción, en su caso, le llevó a ofrecerle su más sentido homenaje. No sólo era la persona que le había traído a Astorga; ambos se conocían de Reus, su lugar común de nacimiento. Esculpir su tumba era, en el fondo, una forma de dejar para siempre su personal agradecimiento.

Los obispos tienen el privilegio de poder ser enterrados en las catedrales. Grau no lo había puesto por escrito, pero sí había hablado en reiteradas ocasiones de su deseo de ser enterrado a los pies de la Virgen. Esas palabras sirvieron para que sus colaboradores en la Diócesis de Astorga decidieran que el lugar más indicado para su inhumación fuese justo la capilla de la Inmaculada Concepción, situada en el lado izquierdo del prebisterio de la Catedral.

Grau no fue un obispo más. Quiso ser un renovador para un territorio acostumbrado a que nada se moviese. De otra forma no se entendería la elección de Gaudí como arquitecto de la nueva residencia de los prelados asturicienses, el primer monumento de los dos que levantó en la provincia junto a Botines, en León capital.

En 1886, siete años antes de su muerte, un incendio había destruido completamente el viejo caserón donde vivían hasta entonces los obispos en Astorga. A falta de un arquitecto de la Diócesis, Grau decidió confiar su construcción a un paisano suyo, Antonio Gaudí, a quien conocía no sólo de Reus. Ambos ya habían coincidido en el colegio Jesús-María de Tarragona, cuya capilla fue obra también del genial arquitecto.

Gaudí aceptó el encargo a principios de 1887 y, durante el mes de junio de ese año mandó los primeros planos desde Barcelona a Astorga. Todavía durante dos años más, Gaudí retocó el proyecto a petición de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, que era la entidad consultiva escogida por el promotor eclesiástico. Por fin, la primera piedra se colocó el 24 de junio de 1889.

Gaudí seguía las obras con fotografías y visitas puntuales que también le sirvieron para introducir cambios en los materiales, aprovechando recursos como el barro de Jamuz, la pizarra de la Cabrera o el granito.

Precisamente, la tumba del obispo Grau está construida con las mismas piedras de granito del Palacio Episcopal. Tres metros de profundidad y unas medidas de 75 centímetros de ancho y 2,65 metros de largo.

Gaudí tardó muy poco tiempo en hacerla. Y así, en el entierro del obispo Grau, con una fuerte polea y una gruesa maroma, la losa del obispo catalán cubrió para siempre su cuerpo.

En la cabecera esculpió el anagrama Xristus con un alfa y un omega a cada lado. En el centro, el escudo de armas del obispo Grau. Y abajo, su nombre y la fecha de su muerte. En las esquinas, cuatro flores le dan un toque singular.

«Es sencilla, pero al mismo tiempo única, incomparable. Gaudí sólo se parece a Gaudí», señala un experto del Club de Amigos de Barcelona, que reúne a miles de seguidores del genial arquitecto catalán en todo el mundo.

Precisamente la muerte de Grau cerró también la etapa de Gaudí en Astorga por discrepancias con los canónigos y la Junta Diocesana. Las obras primero se fueron retrasando hasta que finalmente se detuvieron, lo que provocó la dimisión de Gaudí como arquitecto. Cuando abandonó la obra, el palacio episcopal que buscaba mirar al cielo estaba construido hasta la altura de la segunda planta, a punto de iniciarse la cubierta.

Gaudí renunció al cargo de arquitecto director con una carta enviada desde León, donde trabajaba en la dirección de la Casa Botines. Renuncia que fue aceptada por la Junta Diocesana y remitida al Ministerio, alegando que «el dimisionario no era arquitecto diocesano, cuyo cargo desempeña el que lo es provincial de León», a lo que el Ministerio aceptó y dispuso: «que se le den las gracias por el celo y acierto con que ha desempeñado hasta hoy su cargo».

«Serán incapaces de acabarlo», advirtió Gaudí enojado. Más de un siglo después, nada se cumplió. Astorga nunca agradecerá lo suficiente a Grau que trajera a Astorga al arquitecto catalán.

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Aunque esta noticia es absolutamente inédita e interesante creo que no nos puede llevar a pensar que todo lo que en ella se dice es verdad absoluta, es muy difícil pensar que en esos años Gaudí tallase una piedra con sus propias manos, que el haya realizado el diseño no me extrañaría nada e incluso me parece tan interesante que le pediría al autor de la nota por que no añade una fotografía de la lapida , sobre todo la idea de poner un alfa y un omega en la lapida es absolutamente gaudinista

Pero para tallar una piedra de Granito no basta con una "Gubia" herramienta que se utiliza para tallar madera sino que se necesita mucha destreza y herramientas especiales de picapedrero y escultor que Gaudi no tenia y no utilizaba, pero si seguramente utilizo el lápiz para dibujar esta piedra que sus trabajadores del templo podrían hacer con mucha facilidad .

Sr Manuel c. Cachafeiro si usted algún día lee esta nota le agradecería que nos envié una foto de esta obra de Gaudí en Astorga hasta ahora inédita

Muchas gracias por su nota y perdone la rectificación creo que necesaria para poner las cosas en su lugar

Gaudí era un gran arquitecto e incluso llego a hacer algunas esculturas pero nunca fue un buen picapedrero ni realizo lapida alguna.

De todas maneras la nota es magnifica y muy bien documentada

Gracias manuel c. cachafeiro

Luis Gueilburt

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