viernes, 13 de julio de 2012

Las empresas de souvenirs se afanan por registrar símbolos de Gaudí


Teresa Sesé 

La Guardia Civil intervino la semana pasada 14.000 figuras gaudinianas | TotGaudí exige que las instituciones intervengan en el descontrol existente 

Las empresas de souvenirs se afanan por registrar símbolos de Gaudí

Pedro Madueño 

 

La fiebre en torno al registro de la marca Gaudí va mucho más allá de la apropiación del nombre del genial arquitecto por parte de particulares como la sociedad Gaudí Barcelona, que lleva más de treinta años beneficiándose prácticamente en exclusiva de sus derechos sin tener ninguna relación con el artista, tal como destapó La Vanguardia en su edición de ayer. La creciente atracción que ejerce su obra en todo el mundo –el pasado año más de siete millones de turistas de paso por Barcelona visitaron al menos uno de sus edificios, sin contar los más de cinco millones que pasaron por el Park Güell– es un suculento negocio para fabricantes de souvenirs que, de un tiempo a esta parte, andan enfrascados en una guerra sin cuartel por la propiedad en exclusiva de símbolos gaudinianos tan emblemáticos como el dragón del Park Güell.
¿Es posible registrar el dragón en la Oficina Española de Patentes y Marcas? Sí, lo es, y de hecho no hay uno, sino que hay inscritos varios modelos, con ligeras variaciones entre ellos. Pero, lo que resulta todavía más increíble es que alguien haya podido registrar la técnica del trencadís, tan característica del modernismo catalán... Esta situación, que ya está provocando no pocos litigios y demandas cruzadas entre empresas, es vista con preocupación por una parte del sector cultural, que recientemente ha puesto en circulación el manifiesto Defensem el Drac del Parc Güell, en el que denuncian lo que consideran un “uso extenuante y por tanto una banalización” del legado artístico de Antoni Gaudí, al tiempo que exigen a las instituciones públicas, en concreto al Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat, que velen para que la obra de Gaudí “continúe siendo patrimonio universal, de Barcelona y Catalunya, lejos de intereses únicamente económicos”.
Gaudí es hoy sinónimo de negocio. Su obra genera importantísimos ingresos que, gran paradoja, revierten en el sector privado (turismo y diseño, principalmente) mientras monumentos patrimonio de la humanidad como el Park Güell se encuentran en serio peligro debido, en buena medida, a que el Ayuntamiento no puede económicamente hacer frente a los trabajos de mantenimiento que precisaría tal avalancha de visitantes. Es por ello que, a partir del próximo otoño, tiene previsto cobrar una entrada mínima de cinco euros. Los firmantes del manifiesto soslayan esta preocupante realidad –la degradación del parque está llegando a límites inimaginables– y ponen el peso de su denuncia en que “ningún particular puede pretender tener un monopolio de explotación sobre las creaciones de Gaudí (...) ni sobre ninguno de sus elementos”. El manifiesto (manifestgaudi.blogspot.com.es) está promovido por la plataforma TotGaudí que, según uno de sus portavoces, el gestor cultural Josep Maria Quintana, pretende “dar a conocer a la opinión pública la situación en la que se encuentra la obra de Gaudí, sobre todo en lo que respecta al descontrol existente en torno a sus derechos intelectuales. Creemos que las instituciones deberían intervenir”.
Para los integrantes de la plataforma, el registro de la marca del dragón o de la técnica del trencadís por parte de algunas empresas deben interpretarse como “acciones dirigidas para poder obtener la exclusividad y por tanto el monopolio de esta imagen y esta técnica”. Un empeño imposible, en opinión de los juristas consultados por este diario, puesto que “todo monumento u obra artística que está en la vía pública es patrimonio universal, nadie puede apropiarse de su imagen”, señala Pepe Isern, abogado especializado en temas de propiedad industrial e intelectual. Por su parte, Martín Echegaray, director de Barcino, S.L., empresa fabricante de souvenirs cuyos productos están inspirados en la técnica del trencadís (ya sea un drac, un toro o una bailarina), niega tajantemente que tanto el registro del drac –fue el primero en hacerlo– como las demandas que ha interpuesto contra otras empresas respondan a un intento de monopolizar el mercado. “Trabajamos desde 1998 con productos inspirados en motivos arquitectónicos de Gaudí, y durante años no los registramos por respeto a la obra del arquitecto. Al principio nos copiaban con cierta sutileza, introduciéndoles algunas modificaciones, pero llegó un momento en que, dada la impunidad existente, empezaron a realizar copias idénticas de las figuras a partir de un molde. Y encima decidieron registrarlo. Nos opusimos, claro, porque de no haberlo hecho no sólo se habrían sentido legitimados para seguir haciendo sus copias, sino que podían obligarnos a retirar del mercado nuestro modelo... Lo ganamos y a partir de ahí hemos ido registrando cada nuevo modelo de dragón que sacamos a la venta”.
Martín Echegaray asegura que únicamente actúan en casos de copias flagrantes (a raíz de una denuncia suya, la semana pasada la Guardia Civil intervino más de 14.000 figuras en Badalona e imputó a una ciudadana china un delito contra la propiedad intelectual) “porque dos artistas que se inspiren directamente del original nunca harán un diseño idéntico”. Barcino S.L., aunque su director ayer lo desconocía, es también la empresa que tiene registrado el trencadís, una técnica que, se advierte en en el manifiesto, “identifica a Gaudí y el modernismo catalán, siendo un patrimonio universal y milenario que no puede ser explotado como propio ni en exclusiva por nadie”.

La Vanguardia

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