jueves, 12 de julio de 2012

Un particular se beneficia de la marca Gaudí desde hace más de 30 años

En la oficina de marcas hay más de 60 registros a nombre de Gaudí Barcelona, SA | Depositaria de los derechos, la Junta Constructora de la Sagrada Família llegó tarde al registro 

 Pedro Madueño Un particular se beneficia de la marca Gaudí desde hace más de 30 años

Teresa Sesé
Barcelona 


El nombre de Gaudí es un imán para el turismo, que cada año acude en masa a Barcelona atraído por la obra del genial arquitecto. La marca Gaudí cotiza alto en el mundo, y en torno a ella cada día florecen más y más negocios, cada vez más lucrativos. Pero, ¿cualquiera puede hacer uso del nombre de Gaudí o existe un propietario legal que gestiona los derechos? La ley de Marcas prohíbe de forma expresa registrar "el nombre, apellido, seudónimo o cualquier otro signo que para la generalidad del público identifique a una persona distinta del solicitante". Así que, dado que el arquitecto murió sin dejar descendientes directos, lo normal es pensar que nadie haya podido inscribir la marca Gaudí. Pero un vistazo a la base de datos de la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM) dibuja una situación bien distinta. Legal, pero a todas luces kafkiana. Bajo esta denominación, aparecen más de 60 registros a nombre de una sociedad, Gaudí Barcelona, cuyo administrador único es Antonio Soler Masferrer. No guarda ninguna relación con el arquitecto, pero él es quien desde hace más de 30 años viene explotando y cosechando, casi casi en exclusividad, los beneficios derivados de la notoriedad del nombre.

Los primeros registros de Gaudí Barcelona, S.A. datan de los años setenta, y a lo largo de la siguiente década fue ampliando la lista de productos y servicios para los que solicita la marca (si pusiéramos uno al lado del otro, apenas encontraríamos huecos libres: ahí está todo -o casi-, desde extintores contra incendios a pinturas, materiales de construcción y escolar, joyería, textil, juguetes, publicidad y hoteles en medio mundo...) ¿Cómo pudo hacerlo? Este diario no ha podido recoger la opinión de Antonio Soler, pese a los reiterados mensajes dejados en el contestador automático del teléfono de Gaudí Barcelona S.A., pero desde la Oficina Española de Patentes y Marcas explican que en el momento en que se produjeron los registros estaba en vigor el Estatuto sobre Propiedad Industrial, del año 1929, en el que no era requisito que el nombre del demandante coincidiera con el de la marca. En algunos casos, además, Gaudí Barcelona, S.A. presentó la solicitud junto a una segunda persona que respondía por Rosa Gaudí López-Curiel. "Los registros están realizados correctamente", insisten desde la OEPM. "Pero es que, además, hay que tener en cuenta que en los años ochenta Gaudí no era la celebridad que es hoy. El de las marcas es un negocio extraordinario y la ley está hecha para proteger, pero hay expertos que se conocen todas las triquiñuelas".

En sus últimas voluntades, Antoni Gaudí legó todos sus bienes en favor de la Junta Constructora del Temple Expiatori de la Sagrada Família, incluidos los derechos de propiedad intelectual (expiran a los 80 años del fallecimiento del autor, aunque en el caso de la Sagrada Família continúan vigentes ya que una sentencia de la Audiencia de Barcelona reconoció en el 2006 el carácter colectivo de la obra). A ella, por tanto, le habría correspondido ostentar el derecho de marca. Pero llegaron tarde al registro. "El objetivo prioritario de la Junta ha sido siempre la construcción del templo, así que durante demasiado tiempo, también por desconocimiento, no se ejerció una política activa de marcas", apunta Raquel Gómez, del Bufet Bergós abogados. En el 2006 pudieron inscribir el nombre de Antoni Gaudí y dos rúbricas del arquitecto. "Entablar un pleito es muy costoso, y por el momento el patronato no ha querido tomar esa decisión", añade Gómez.

En el registro figuran también las marcas Petit Gaudí (a nombre de la Acadèmia de les Arts i les Ciències Cinematogràfiques Catalanes, que otorga los premios que llevan el nombre del arquitecto), Gaudí Ticket (Turisme de Barcelona), Espai Gaudí (La Pedrera, Caixa de Catalunya) o los salones Gaudí Hombre y Gaudí Mujer (Fira de Barcelona). En casi todos los casos los procesos han tenido que vencer, no sin fuerte resistencia, la oposición de marcas registradas anteriormente, sobre todo por parte de Gaudí Barcelona S.A. El último capítulo de esta rocambolesca historia ha tenido como protagonista el espacio lúdico dedicado al arquitecto que los integrantes de La Trinca Toni Cruz y Josep Maria Mainat acaban de inaugurar en las inmediaciones del Park Güell. Según un portavoz de la empresa que ha impulsado el proyecto, Crumain Iniciatives, Gaudí Barcelona S.A. les habría pedido un 15% de los ingresos de las entradas (9 euros cada una) a cambio de retirar su oposición a que registraran el espacio con el nombre de Gaudí Experiència como habían solicitado. Cruz y Mainat, que también se toparon con la oposición de la Junta de la Sagrada Família, se negaron a tales pretensiones y han presentado recurso. Entre tanto, en la puerta del local se lee es G Experiència. Y la elección de la G no tiene nada que ver con el esnobismo.

"No es exacto decir que Gaudí Barcelona S.A. se haya apropiado en exclusiva de la marca Gaudí, hay otros que la utilizan", aprecian en la Oficina de Patentes y Marcas, y apuntan una hipótesis nada descabellada: cuando una marca tiene tantos registros como la de Gaudí -sólo la empresa de Antonio Soler ostenta ya más de 60- puede llegar a considerarse que ha perdido su distintivo, se ha vulgarizado, y por tanto deja de generar derechos en exclusiva". "La verdad es que en los últimos años es una locura", apunta por su parte Raquel Gómez. Cada vez que una empresa o un particular presenta en la OEPM una solicitud para registrar una marca, ésta advierte a todas aquellas que considera pudieran verse afectadas por si desean presentar una oposición. "Todos los días recibimos tres, cuatro, cinco avisos... que si un cenicero con la imagen de la Sagrada Família, que si un llavero en forma de cimborrio... Oponerse cuesta entre 300 y 600 euros, si lo hiciéramos en todos los casos nos arruinaríamos. Por eso únicamente nos oponemos cuando creemos que puede existir confusión o existe riesgo de aprovechamiento indebido del nombre de Gaudí". Y concluye: "Nosotros nunca comercializamos con el nombre de Gaudí".

Bien distinto parece el caso de Gaudí Barcelona, S.A., según todos los expertos consultados. Estaríamos, apunta el abogado Pep Isern, ante un caso de patent troll, término peyorativo con el que se conoce a las empresas o personas que imponen en este caso sus marcas y persiguen a los supuestos infractores de una forma considerada excesivamente agresiva u oportunista, sin la intención de fabricar o comercializar el producto objeto del registro. "Es un negocio, poco ético o elegante si se quiere, pero que no tiene nada de ilegal, y que únicamente es atacable si se demuestra que los productos o servicios objetos de la protección en realidad no generan ninguna actividad".

"Pero cuando se trata de figuras relevantes la legislación prevé remedios, sólo que alguien tiene que ejercerlos", recuerda Fernando Ortega, del despacho Abril Abogados de Madrid, que coincide con Pepe Isern y el también abogado Mario Sol en que "el interés público está por encima del individual", y bien la propia Sagrada Família o alguna institución pública, representante de una colectividad, por ejemplo el Ayuntamiento (que ha tenido conocimiento de la situación por La Vanguardia), debería tomar cartas legales en el asunto.
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Un tema muy largo que requeriría como tantas veces he dicho de la creación de una fundación seria para que se terminen estos temas tan agobiantes y que no dignifican la imagen de Gaudí .
Habría que mirar con lupa el testamento del artista y a partir de allí sacar conclusiones, todos somos propietarios de un patrimonio tan maravilloso y pocos aun los que lo reivindican, no es un problema de propiedad sino de ver quien cuida mas y mejor ese patrimonio
que es de todos.
luis Gueilburt

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