miércoles, 23 de abril de 2014

Gaudí resucita


 
EL MUNDO
INDRETS La mirada ajena

Gaudí resucita

 
Si los japoneses se creían que lo habían visto todo de Gaudí, se equivocaban. Se arremolinan de mañana ante la fachada de la Casa Vicens, Vila de Gràcia, Barcelona (click click click), pero ni un turista ha franqueado sus muros ni lo hará hasta 2016, cuando la casa se convierta en museo. Miento, alguno sí se ha colado, como contaba Otto Herrero al New York Times cuando saltó la noticia sobre la venta: "Suele ser un engorro encontrarse a un turista merodeando por tu jardín, alguno incluso ha logrado colarse hasta la sala de estar, pero llegas a acostumbrarte a tanta curiosidad. Hasta es posible que, si me cogen de buenas, les dé una vuelta por la casa".
Desde que naciera, Herrero vivía en un monumento declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Pero hace apenas una semana que los dueños de Casa Vicens, o sea la familia Jover y Herrero, salieron de sus estancias, divididas en apartamentos, dejando tras sí una estela de polvo de 105 años de Historia.

Apenas una semana y ya nos hemos colado. En realidad, nos ha abierto la cancela el consejero delegado de la nueva propiedad, la banca andorrana MoraBanc. Gilles Serra ha hecho además de perfecto anfitrión, explicándonos la arquitectura flor a flor, tesela a tesela. Entrar en Casa Vicens días después de la mudanza de sus seculares moradores, es algo así como franquear las puertas de un mausoleo.
 Es la segunda obra de Gaudí en orden cronológico (1889) y, como en la primera, la Nau Gaudí de Mataró que proyectó antes incluso de terminar sus estudios de Arquitectura, la madera ocupa un lugar central: madera y hierro en la de Mataró y aquí, madera, azulejo y estuco, sin olvidar los forjados de las verjas. De orden naturalista, nada nuevo, y de influencia otomana que siempre se ha confundido con aires arabescos.
De hecho, me cuenta Gilles Serra, artífice de la compra, enamorado de la arquitectura y conocedor del idioma árabe, la lámpara que cuelga de la sala de fumadores, a influencia oriental la sala, no lleva inscritos caracteres árabes como se pensó, sino simples filigranas arabescas que nada dicen, porque no son letras sino vanas grafías. Es preciosista el salón de entrada bajo un artesonado decorado como pérgola, las flores reptando por sus arquitrabes, un deliro de estancia.

Y la galería contigua, que como la fachada del edificio se adorna de losetas dibujadas de pissenlit, esas flores silvestres que cuando niños nos advertían: si las partes, su jugo hará que mojes las sábanas (pis en cama, traducción literal del francés). Las paredes llevan además estucos florales y frescos de pájaros exóticos, y las maderas encajan cuadros de época. Los suelos son de fragmentos de mosaico o trencadís en calatán, mítico emblema de la arquitectura modernista de aquí. El artesonado de la sala de fumadores emula la mukarna, alvéolos y estalactitas que decoran los techos en la arquitectura árabe y persa.

Apenas 10 años vivieron aquí los señores Vicens i Montaner, propietarios de una fábrica de cerámica, lo que tal vez influyera en el devenir del estilo gaudiano; pero enviuda pronto su mujer y en el 1999 vende la casa residencial a la familia del doctor Antonio Jover, que desde entonces y hasta ahora la ha habitado en generaciones consecutivas. Ampliaron el edificio en terreno colindante y pidieron a Gaudí permiso para prolongar interiores y fachadas, obras de la que él no podía hacerse cargo por exceso de trabajo o quimera, envuelto como estaba en la obra inacabable o la Sagrada Familia.
 Pero concedió licencia y se desdobló el frente principal en una réplica de la mitad original que es como si ahora vas a google y haces un copypega. El encargo recayó en el arquitecto Serra Martínez, que además amplió bellamente los jardines y construyó un templete circular con fuente llamada de Santa Rita, pero lo que se da sí se quita y todo esto desapareció bajo las excavadoras en 1962 para levantar un horrendo bloque de viviendas que hoy encajona la casa.

El MoraBanc se da apenas dos años para la ingente obra de restauración, que entre otras cosas devolverá la escalera a su enclave primigenio, el patio de luces que levantó Gaudí bajo lucernario, y que irá a desembocar en medio y medio de la terraza superior, que es bellísima (foto), obviando las medianeras de las casas colindantes.

Pocas ciudades como Barcelona se identifican de este modo con un único arquitecto. La Estambul de Sinan (XVI) y Brasilia de Niemeyer tal vez sean los dos solos parangones, y me lo cuenta el propio Monsieur Serra, atento amante de la cosa desde su infancia en Caen, región de Calvados, arrasada tras el desembarco de Normandía y entonces en reconstrucción. Gaudí pone en valor BCN y viceversa.
@Indrets

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Interesante nota la de Elena Pita pero querría yo hacer alguna aclaración a este articulo para que esta información periodística pueda ser contrastada en un futuro, 
La segunda obra importante de Gaudí no es la Casa Vicenç sino que es la finca Güell y junto a esta y al Capricho de Comillas se realizo esta casa pero no podemos olvidarnos nunca de la reforma del Parc de la Ciutadella entre otras obras menores 

Otro detalle, la Familia Montaner no han tenido nunca una fabrica de cerámicas ya que el Sr Montaner era agente de Bolsa y Cambio demostrado en la escritura de compra de la finca ante notario. 
Y por ultimo el articulo tiene una contradicción entre la interpretación arabeisante de "alvéolos y estalactitas que decoran los techos en la arquitectura árabe y persa." y la idea de que Gaudí se inspira en el arte Otomano, sin influencias árabes, me gustaría que su autora algún día nos aclarase esta idea

Luis Gueilburt

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